Se acabaron las Navidades. Comienza la cuesta de enero, la nostalgia de los buenos tiempos vividos y el sentimiento de culpabilidad por los excesos… ¿Suena deprimente, verdad? Pero, ¿por qué tenemos que relacionar el mes de enero con aspectos tan negativos?
Sí, las Navidades han acabado, pero las hemos disfrutado al 100%. Tenemos recuerdos maravillosos y regalos que disfrutar y estrenar. Estamos algo más gorditas, pero tenemos meses por delante para lucir estupendas nuestro depilado en verano. Porque, al fin y al cabo, esos kilos de más son la prueba de que has disfrutado de deliciosas comidas, entrañables momentos con los amigos y la familia y de que te has divertido por encima de todo.
¡Enhorabuena! ¡Has sido feliz estas Navidades! Ahora continúa con ese positivismo en enero y así te sentirás fuerte psicológicamente para recuperar tu línea sin esfuerzo. Con esa actitud positiva, te ofrecemos unos consejos para ayudarte a recuperar la línea después de navidades y ponerte en forma, sin prisas y sin agobios. ¡Ánimo! ¡Tú puedes conseguirlo!
1- . Haz cinco comidas al día
Es importantísimo que no sientas hambre, porque si no, comerás más cantidad en las comidas principales, sentirás más ansiedad y probablemente acabarás rindiéndote y dejando la dieta. Come pocas cantidades de comida cada tres o cuatro horas, esto es; desayuno (8h), almuerzo (11h), comida (14h), merienda (16h) y cena (20.30h).
2-. Introduce en la dieta alimentos ricos en fibra
Te ayudarán a mejorar el tránsito intestinal y a sentirte saciada. Entre ellos, destacamos la importancia de las legumbres, que son alimentos que contienen además proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.
3-. Toma alimentos diuréticos
No pueden faltar en la dieta, sobre todo, si quieres depurar tu organismo de las toxinas acumuladas en estos días. La alcachofa, la col, el brócoli o el apio son buenos ejemplos ya que son verduras ricas en potasio, lo que te ayudará a eliminar líquidos retenidos.
4-. Bebe mucha agua
Toda la que puedas, pero como mínimo 2 litros y medio al día. Necesitamos limpiar nuestro organismo y para ello, sin duda el agua es el elemento primordial. Además, no beber agua te puede hacer engordar… La Universidad de Washington realizó una investigación en la que concluyeron que la falta de agua ocasiona debilidad y fatiga durante el día; para superar esa debilidad, comes más. Sin embargo, este problema se solventa bebiendo más cantidad de líquidos.
Por otro lado, la parte del cerebro que regula la sensación de hambre está muy cerca de la que nos envía señales para que bebamos y eso puede llevar a pequeños errores de interpretación y que a veces pensemos que necesitamos comer, cuando lo que nuestro organismo nos pide es beber. Por todo ello no lo olvides; ¡bebe mucho!
5-. Haz ejercicio
Por supuesto, no puede faltar la actividad física en nuestra dieta. El deporte es esencial para mantenernos en forma y retomarlo es una de las primeras cosas que debemos incluir en nuestra lista de buenos propósitos para el año que empieza. Puedes comenzar caminando a paso ligero una hora diaria, o hacer 4 horas de ejercicio intensivo a la semana.
6-. Duerme 8 horas al día
Dormir mal engorda. Sí, aunque parezca increíble, con la privación de sueño desciende el nivel de leptina, que es una hormona que segrega el tejido adiposo y que provoca la sensación de saciedad. Por el contrario, aumentan las cantidades de grelina, que es otra hormona que, al contrario de la anterior, provoca la sensación de hambre.
7-. Por último, pésate una vez a la semana
Keep in calm & no abuses de la báscula; pesarse todos los días te desmotivará, ya que hay días que no se desciende de peso tan rápido como quisieras. Nuestro metabolismo puede oscilar de un día a otro, dependiendo de la dieta de cada día y la asimilación de los alimentos consumidos. Pesándose una vez a la semana notarás mejor el descenso y no te rendirás tan fácilmente.
¡A por ello, sin miedos!
Como inspiración, te proponemos algunos consejos prácticos que te ayudarán a diseñar un menú acorde para estas fechas y recuperar la línea después de Navidades. En cualquier caso, te aconsejamos consultar siempre con un nutricionista o dietista para prepararte una dieta más personalizada y diaria, si quieres seguirla durante más tiempo.
DESAYUNO
1 vaso de leche o 2 yogures desnatados.
40 gr pan o 4 galletas integrales o 30 gr cereales.
20 gr de alimento proteico: atún sin aceite (natural o escabeche), queso fresco o semi, o fiambre magros.
Sustituye el azúcar por edulcorantes acalóricos, como la sacarina o la stevia.
ALMUERZO Y MERIENDA
50 gr. Pan integral.
20 gr. alimento proteico: atún sin aceite (natural o escabeche), queso fresco o semi, o fiambre magros.
COMIDA Y CENA
Verdura o ensalada: 1 plato.
Legumbre o arroz o patata o pasta o guisantes: medir 1 cazo del alimento ya cocinado sin caldo y echar todo el caldo que se quiera.
Carne o pescado o marisco o 2 huevos o 1 huevo + 40 gr. de embutido.
20 gr. de pan integral.
1 pieza de fruta (excepto uva, plátano e higo).
Y RECUERDA:
15 minutos antes de las comidas principales, toma una taza de caldo vegetal con zumo de limón. Puedes hacerlo, hirviendo durante 20 minutos unas verduras troceadas en 1 litro de agua sin sal (una zanahoria, una rama de apio, una cebolla pequeña y perejil). Cuélalo y reserva. Se puede tomar frío o caliente, añadiéndole zumo de limón natural en cada toma.
Disminuye la sal en la cocina y evita poner el salero en la mesa.
Recuerda tomar de 6 a 8 vasos de agua al día,
Evita grasas y fritos, así como los refrescos carbónicos y las bebidas alcohólicas.
Cuando vives en pareja, está claro que, en ocasiones, pueden surgir discusiones. ¡Ojalá pudierais vivir siempre como cuando empezasteis! Ella sin duda era la más guapa, la más comprensiva, la más profesional y lista. Él, el más atento, el más fuerte, el más romántico e inteligente.
Pero, inevitablemente el tiempo y la rutina de la convivencia te quitan la venda de tus ojos y empiezas a ver también los temibles defectos que todos tenemos. No es que lo quieras menos, sino que la relación está en otra fase, menos emocional y más madura.
Nadie es perfecto. Es hasta sano que surjan desavenencias en el día a día con nuestra pareja, tal y como defienden muchos psicólogos. Porque es precisamente en esos momentos cuando mejor podemos conocer a la persona con la que vivimos, ya que bajamos la guardia a los convencionalismos y mostramos nuestro lado más honesto.
Los psicólogos nos dan unas pautas para afrontar este tipo de situaciones: respetar el turno de palabra, esforzarnos por ponernos en los zapatos del otro, no levantar la voz, evitar palabras malsonantes, contar hasta diez antes de emitir un juicio irreflexivo, poner ejemplos de tus puntos de vista y recurrir al sentido del humor para enfriar el enfrentamiento.
Sin embargo, cuando vuelves a casa después de un duro día de trabajo y le ves sentado en el sofá, whatsappeando con el móvil mientras la cocina está hecha un desastre, le pondrías de “patitas en la calle”. Es fácil que digamos algo inconveniente en esos momentos álgidos de irritación máxima. Pero, cuidado, es imprescindible tener autocontrol y evitar ciertas frases que pulsarían la tecla de autodestrucción de vuestra relación.
Ahí van 10 de ellas que hemos clasificado en tres grandes grupos:
EVITA MOSTRARTE PREPOTENTE
“Déjame que te diga cómo se hace…”:
Craso error; nadie está en posesión de la verdad absoluta. Además, esta frase, dependiendo del tono con que sea dicha, puede transmitir una posición de superioridad que puede resultar ofensiva a la persona que la escucha. Es mucho mejor “sugerir cómo lo harías tú, por si te puede ayudar”, ¿verdad?
“Nunca haces nada bien”
Las frases que empiezan por un ‘siempre’ o ‘nunca’ (del tipo “siempre llegas tarde” o “nunca recoges tus cosas”) reflejan falta de confianza en tu pareja, o incluso de esperanza de que tu cónyuge aún tenga el deseo de mejorar. Generalizar nunca es buena idea.
Al hacer acusaciones tajantes lo único que conseguimos es que la otra persona se ponga a la defensiva y pase totalmente de escuchar lo que queríamos decirle. Es mucho más eficaz si sustituimos el “nunca me dices que estoy guapa” por “me gustaría que de vez en cuando te fijases en que me he arreglado”. Aunque tengas que repetirlo más veces de las que te gustaría.
“Te lo dije”
¡Pocas frases hay más insoportables que ésta! Controla tus alardes de sabiduría máxima y procura no acusar a tu pareja de haber fracasado en algo, aunque le hubieses sugerido previamente que podía no salirle bien.
Si ya te molestaba que tus padres te echaran en cara aquel devastador ‘te lo advertí’ cada vez que metías la pata, ¿qué te hace pensar que a tu pareja le haría gracia cuando la utilices contra ella? A nadie le gusta que nos traten como tontos. Sobre todo cuando es evidente que hemos metido la pata. Trata de empatizar y evita pisotear el dolorido orgullo de la otra persona si no quieres alentar al temporal...
“¿Pero cómo se te ocurre hacer…?”:
A veces no damos crédito a alguna de las locuras que nos pueden pasar por la mente. Pero los ataques personales del tipo “¿pero cómo has sido tan estúpido?” o “¿a quién se le ocurre hacer algo así?” frente a un comportamiento poco reflexivo o habitual en nuestra pareja, solo pueden conducir a descalificaciones y discusiones sin sentido que harán que, aún por encima de haberla liado parda, tu pareja se sienta un fracaso total.
Recuerda que “tu objetivo debe ser apoyar a tu pareja y animarla durante los tiempos difíciles, no hacerle sentirse mal”, como comenta la terapeuta matrimonial Becky Whetstone.
“¡Estás exagerando!”
O peor aún, el terrible ‘haz el favor de calmarte’. Mala idea. Reprimir los sentimientos de tu pareja o hacerla pasar por histérica, aunque desde tu punto de vista haya podido perder el norte, tan sólo hará que se cierre en banda y adopte una postura defensiva. Recuerda que no se puede apagar un incendio con más fuego…
LAS ODIOSAS COMPARACIONES
“Mi ex lo hacía mejor” o “¿por qué no puedes ser como…?”
Nunca, jamás, de ningún modo, compares a tu pareja con tus ex; ni siquiera en broma. ¡Y mucho menos para decirle que es peor en algo que ell@s! Puedes tener la certeza de que conseguirás el efecto contrario al que esperabas. Pensar en una persona con la que estuviste en el pasado puede ser de por sí hiriente para tu actual pareja, salvo que la comparación sea a su favor. Piensa en cómo te sentirías si fuera tu pareja quien te comparara (a peor) con su ex. Mal, ¿verdad?
Otro tanto sucede cuando le/la comparamos con otras personas, sean amigos, cuñados o el cónyuge de otra pareja. Piensa que si vives con tu pareja, es porque te gusta tal y como es. Por tanto, no es justo que ahora vengas pidiéndole que se comporte como otra persona. Recuerda que a todos se nos ve perfecto desde la distancia; incluyéndote a ti. Como reza un proverbio irlandés, “siempre se ve más verde el césped del vecino”.
“Eres igual que tu padre/madre”.
Dicen que todas las comparaciones son odiosas. Pero ésta, además, puede ser sangrante. ¡A los progenitores ajenos no se les menta jamás! Porque, con toda seguridad, esa comparación no la haces pensando en las virtudes de su familia, sino en sus defectos. De modo que, no solo le estarás ofendiendo, sino que estarás haciendo extensible la ofensa hacia su familia. Puedes contar con que tu pareja pasará automáticamente a la defensiva.
Si tu media naranja actúa como sus padres, es porque éstos le educaron así de pequeño. De modo que, con esta frase, habrás herido a dos personas a la vez. Además, si ya tenías un mal sentimiento hacia tu suegra, por ejemplo, esto solo contribuirá a empeorar la situación. Y si os lleváis bien y tu crisis se soluciona, ¿qué pasará la próxima vez que os encontréis cara a cara si llega a enterarse de lo que has dicho de ella?
DRAMA TOTAL
“Si realmente me quisieras...” o el clásico “Ya no me quieres”
Con el drama de discutir ya tienes suficiente. No le digas a tu pareja lo que siente; ya es mayorcito/a para saber lo que piensa. Concéntrate sólo en lo que sientes tú. Hacerse la víctima y salirse por la tangente no resuelve nada.
Esta frase esconde un chantaje en toda regla. No obligues a que tu pareja se sienta presionada a hacer/decir algo que no quiera solo para demostrar su amor por ti. Aunque te pudiera funcionar a corto plazo, está demostrado que a la larga este tipo de manipulación termina por convertirse en resentimiento. En lugar de manipular a tu pareja, se transparente y dile lo que realmente deseas de él o ella. De este modo, estarás afrontando el problema de forma directa y madura y aumentarán las probabilidades de que lo haga por amor, y no porque se sienta un rehén emocional.
“Todo esto es culpa tuya”
Rotundamente falso. Muy rara vez lo que va mal en una relación es culpa de una sola persona. A veces nos mostramos intolerantes. O demasiado exigentes. O simplemente tenemos diferentes expectativas ante una situación que nos llevan a acusar a nuestra pareja de no haber satisfecho lo que esperábamos de ella. Pero, sinceramente ¿puedes afirmar con total seguridad que tú no tienes nada de culpa en vuestra discusión? ¿Ni siquiera un poco?
“Perdona, ¿qué me decías?”
El viejo truco de fingir que escuchas, cuando no te estás enterando de nada, puede servir con tu jefe, tu madre cuando se pone pesada o con esa amiga que nunca se cansa de hablar, pero con tu pareja te la puedes jugar.
Si estás demasiado ocupado en tus propios pensamientos como para poder escuchar a la otra persona, le darás a entender que no te interesa demasiado lo que dice. A la larga, acabará por sentir lo mismo hacia ti y dejará de escucharte. Y de perder el tiempo contándote cosas que sabe que no vas a escuchar.
De modo que, ya sabes, discutir es bueno; nos permite contrastar puntos de vista, afrontar discrepancias, aprender a respetarnos y conocernos mejor. Pero siempre y cuando la discusión se mantenga dentro de unos límites de diálogo y respeto mutuo, por supuesto. Evitando estas frases tendrás mucho ganado para conseguir que así sea.
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